Crónica Sesión XXV, por el Cortópata

El día 10 de marzo de 2017, a las 20 horas de un caluroso viernes, volvió Cortopatía  a los Cines Dreams Palacio de Hielo, en la que será la primera de las dos sesiones que tendrá este mes.

Si bien la sala 7 no estaba llena por completo, el aforo fue razonable.

Pese a la falta del mítico Pau Blanch, su sustituto, Julio César Mactinez, resolvió la papeleta con nota, demostrando un buen hacer notable y una capacidad de mantener la energía de los allí presentes elevada antes de la proyección.

Se pudieron ver seis cortos esa noche; cuatro de ellos, estrenos.

Hablemos de ellos. ¿Le parece?

DONDE LA TECNOLOGÍA NO LLEGA

El primer corto con el que abrimos boca fue el de Miguel Ángel Castillo.

¿Qué cuenta? Pues una historia que mezcla exámenes, suspensos y… favores sexuales. La ejecución técnica es primitiva, la dramaturgia es mejorable y el resultado roza lo risible. Con mucho, el peor cortometraje de la velada. Eso sí: la pieza es harto descolocante.

Si era la intención de su autor, enhorabuena: Lo ha logrado.

 


SEAMOS AMIGOS

Inmediatamente después vino una pieza found footage realizada por Manel J. Sánchez que versa sobra la figura de un asesino psicópata que cuenta a cámara lo que acaba de hacer y va hacer.

Una pieza espartana, centrada esencialmente en el monólogo del psycho killer, lo cual le acaba dando un aire un tanto teatral al material. Sin embargo, su escueta duración hace que se vea sin problema alguno.

 


CAMBIO

La película de corta duración de Daniel Romero, ya visto anteriormente en este festival, fue la tercero en verse esa noche.

En él, una pareja joven cuya relación se ha enfriado recientemente, realiza unas vacaciones cerca de un lago buscando recuperar parte de la chispa que tenían tiempo atrás. Allí se encontrarán consigo mismos… de manera más literal de lo imaginado. Corto impecable técnicamente, con trabajada dirección de fotografía, envolvente uso del sonido y un tratamiento de la figura del Doppelgänger de lo más sugerente.


SENSACIONAL-ISMO

El short film siguiente, obra de Ignacio Grifol, fue el que se llevó a casa el Premio del Público. Y es comprensible: su narración, en la que una reportera a pie de calle toma a un pobre incauto para manipular sus palabras en directo (cosa que no acaba saliendo como estaba previsto) resulta tremendamente disfrutable: su dicen verdades en voz alta con mala leche, desparpajo y enorme sentido del humor.

 


AZUL ELÉCTRICO

La penúltima pieza de la velada vino de la mano de Patricia Torres, Eire García Cid, Mariña López Varela y Miriam Carril Rivadulla, que nos trajeron una historia en la que se establece una relación simbiótica entre dos personas que habitan el mismo lugar sin que una de ellas no lo sepa.

Esta premisa es explorada de manera experimental, jugando con texturas visuales, creando lo que a ratos se asemeja más a una mezcla de videoarte y danza moderna que a una ficción narativa al uso. Aunque es innegable que los apartados técnicos resultan más que solventes, para un servidor, el material se ve lastrado por cierta opacidad narrativa, que lo hace de digestión ligeramente pesada.

Con todo, un corto atrevido y arriesgado. Desde aquí aplaudimos su valentía.


17 AÑOS JUNTOS

La sesión  cerró con nada más y nada menos que una narración del mítico Javier Fesser, que nos expone lo que sucede a dos sirvientes latinoamericanos (que trabajan habitualmente para una pareja adinerada española) cuando esta última se prepara para celebrar su decimoséptimo aniversario. La pega es que dichos sirvientes tenían un importante compromiso familiar en esa misma fecha.

Un corto social con toques de comedia amable que flirtea a ratos con con el emotivismo más ñoño pero acaba escapando de él gracias a un twist final que cambia la perspectiva de la situación que estábamos siguiendo.

Medios holgados, la habitual brillantez de Fesser y un sabor agradable final configuran este film, que se ve con agrado.

Y esto fue todo por esa noche, que estuvo marcada temáticamente por diversas variaciones temáticas del concepto de suplantación de identidad, lo cual resulta interesante, cuando menos.

Nos volvemos a ver este mismo mes.

Hasta otra, cortópatas.